Ya sé que la Navidad está dando sus últimos coletazos, que apenas nos quedan 3 días para Reyes y sanseacabó. Pero para mí ha empezado hoy, cuando otros años tenía espíritu navideño casi desde noviembre; era pasar mi cumpleaños y pensar en las luces de colores, las castañas asadas, las calles repletas de gentes comprando como si no costara, etc. Este año, empero, no he sentido esa alegría injustificada, esa sonrisa permanente en mi rostro, ese afán por cantar 'Last Christmas' a diestro y siniestro (George Michael, qué desperdicio de hombre). Lo había comentado varias veces con amigos que me conocen, que saben lo ñoña que me pongo yo en estas fechas y no encontraba la respuesta. Sigo sin encontrala, la verdad, pero ya siento que es Navidad, ya me gustan los renos con narices rojas, los intentos de Ramonchu por explicarnos cómo va lo de los cuartos, mi abuela cantando un villancico del año en que reinó Carolo. Y todo gracias a la peli de Navipeich por excelencia: ¿¡Qué bello es vivir!? Ni de coña. ¿La gran familia? A pesar de Chencho, va a ser que no. Tampoco son Pesadilla antes de Navidad o La jungla de Cristal, aunque podrían serlo perfectamente. Sin embargo, la peli navideña que más me gusta y cuyo visionado hoy ha conseguido devolverme la emoción por estas fiestas es la inigualable Los fantasmas atacan al jefe. Grande donde las haya. Gracias a Bill Murray, ahora creo en Santa Claus, en Rudolph, en los elfos... Vale, no creo en esas chorradas, pero me encanta la Navidad y lo que ella implica: frío, nieve, carteles luminosos por la ciudad, cenas pantagruélicas, buenos deseos, ropa interior de color rojo, borracheras justificadas, bailar canciones de 'Bonny M' en todos los garitos, gente fingiendo que es feliz... ¿No es todo eso maravilloso?
A propósito: como prueba irrefutable de que el 2009 va a ser un año infinitamente mejor que el malogrado 2008, Rafa Pons saca nuevo disco este mes de enero. ¡Cuánta felicidad!
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada