Polanski

Nunca he sido una 'antiyanki', algo que parece que muchos europeos están orgullosos de ser; yo no desprecio la cultura estadounidense por imperialista, ignorante o cosas similares. Me gustan los U.S.A. como me puede gustar cualquier otro país al que no haya visitado pero que tengo pendiente hacerlo. Sin embargo hay cosas que reconozco que sólo pueden pasar allí y lo que está ocurriendo con Roman Polanski es de traca. Llevo muchos días leyendo toda la información que se da sobre el arresto del director (director enorme, por otro lado) y el otro día encontré una reflexión de Bernard-Henri Lévy que resume perfectamente mi pensamiento al respecto; así que he decidido que lo mejor era reproducir las palabras de un gran filósofo para expresar mi opinión sobre el trato injusto a Polanski.

BERNARD-HENRI LÉVY
A Roman Polanski


Pasan los días y Roman Polanski sigue en prisión, se acuesta y se levanta en prisión, ve a su mujer una hora a la semana en el locutorio de una prisión, mientras sus hijos de 11 y 16 años, si aún tienen el valor de ir a la escuela, afrontan las miradas de unos compañeros que han oído en casa que el papá de los pequeños P., ese señor con el que a algunos se les caía la baba cuando se codeaban con él "por hijo interpuesto", ese padre que otros se jactaban de conocer cuando lo veían en la tele durante la entrega de los César, ése, es finalmente un criminal, un violador, un sodomita, un pedófilo.

Así las cosas y dado que los días pasan y todo el mundo parece encontrar esta situación normal, dado que los apoyos de Roman Polanski flaquean y, a veces, dudan, dado que la jauría biempensante parece haber conseguido convencer al ministro de Cultura francés de que se precipitó al hablar llevado por la emoción -cuando no hizo sino cumplir con su deber-, quiero repetir aquí, una vez más, por qué este asunto es vergonzoso.

Es vergonzoso meter en la cárcel a un hombre de 76 años por un delito de corrupción de menores -único cargo que le imputa, hoy como ayer, la justicia californiana- cometido hace 32 años.

Es vergonzoso que, en un país en el que -lo mismo que en Europa- se puede asesinar a una anciana, torturar al prójimo, mutilarlo..., sabiendo que el crimen -como todos los de sangre- prescribirá al cabo de 10 o 15 años, todo el mundo haga como si este otro crimen, el de Polanski, conllevase una imprescriptibilidad de facto.

Es vergonzoso ver a los habituales del café de la esquina planetario, antiestadounidenses pavlovizados que nunca andan cortos de argumentos para fustigar a Estados Unidos sin ton ni son, perder repentinamente la voz, volverse mansos como corderos y, cuando se trata de él, de Polanski, repetir simplemente: "Ah, es que es Estados Unidos... y la ley estadounidense es la ley estadounidense... dura lex sed lex...".

Es vergonzoso escuchar a una militante pro derechos humanos como la abogada francesa Gisèle Halimi, que se ha pasado la vida sacando a la gente de la cárcel por crímenes mucho más graves que el que le reprochan al autor de El pianista, corear como los demás: "se ha cometido un crimen, la justicia es igual para todos, Polanski debe ser juzgado".

Es vergonzoso ver cómo algunos intelectuales, cuyo papel debería consistir en rebajar la tensión y contener los arrebatos populares, siguen -como Michel Onfray en Libération- los pasos del rebaño de "ignorantes entusiastas" (Joyce) y se entregan, en nombre de la defensa de la infancia violentada, a las asociaciones más odiosas (nunca los oí denunciar con el mismo ardor la violencia sin límite que representa el martirio de los niños soldado en África, o el de los niños esclavos en Asia, o el de los cientos de millones de niños muertos de hambre -según estimaciones de la FAO- en los últimos... ¡32 años!).

Es vergonzoso ver a alguien como Luc Besson apresurarse a salir en televisión para, revestido de una cándida honestidad, hacer leña del árbol caído y, como en los peores días de los cazadores de brujas maccarthistas, denunciar a su camarada.

Es vergonzoso seguir repitiendo, como hacen los unos y los otros, que la justicia debe ser "igual para todos", cuando, si hay una "desigualdad", si hay un doble rasero, es en detrimento de Roman Polanski y no a su favor. Y tengo la prueba. El pasado 2 de octubre, en el programa de radio On point, de la emisora NPR, en el que me las vi con una Geraldine Ferraro que repitió hasta la saciedad: "Polanski ha tenido una lovely life; ahora tiene que pagar", hice un llamamiento a los oyentes: "señálenme un caso, uno sólo, de un ciudadano anónimo, culpable del mismo delito, al que hayan venido a buscar treinta años después de los hechos". A día de hoy, nadie me ha señalado ninguno. Y no lo han hecho porque había que ser precisamente Polanski, había que ser un artista de renombre mundial para que un juez electo, en puertas de una campaña electoral y sediento de publicidad, rescatase el caso del olvido en el que la sabiduría de los pueblos entierra, incluso en Estados Unidos, los antiguos antecedentes de los delincuentes que nunca reincidieron.

Es extraño -vergonzoso y extraño- que a esos mismos que, recelosos hasta de su propia sombra, ven complots por todas partes y se pasan la vida cavilando sobre las agendas secretas de los Estados, no parezca llamarles en absoluto la atención este timing extremadamente raro: un hombre tiene una casa en Suiza; desde hace años, pasa en ella todas las vacaciones escolares con su familia; y, de pronto, sin que medie el menor elemento novedoso, vuelve a sumergirse en la pesadilla que ha sido el sino de su vida.

Y es que -para terminar- es vergonzoso que no sea posible, cuando se habla de esa vida, evocar la infancia en el gueto, la muerte de la madre en Auschwitz, la muerte de la joven esposa destripada junto al niño que esperaba, sin que los charlatanes de la nueva justicia popular clamen contra un supuesto chantaje. Cuando se trata del más abominable asesino en serie, la "cultura de la excusa" reinante no duda en echar mano de su infancia difícil, de una familia problemática, de los traumas... Pero Roman Polanski parece ser el único reo del mundo que no tiene derecho a ninguna circunstancia atenuante.

Es el caso en su conjunto lo que resulta vergonzoso.

Es el debate lo que resulta nauseabundo y de lo que uno debería poder mantenerse apartado.

Apenas conozco a Roman Polanski. Pero sé que todos aquellos que, de cerca o de lejos, participan en este linchamiento, pronto se despertarán horrorizados por lo que han hecho. Avergonzados.



Seguimos sumando



No es que me deprima cumplir años pero cada vez lo llevo peor, la verdad sea dicha. Será que se me ha adelantado la crisis de los 30 un par de añitos o que la del cuarto de siglo llega con algo de retraso; el caso es que me siento algo baja de ánimos y no logro entender el motivo: estoy bien en mi casa, en el curro (tras ciertos problemas de "campeonato"), con mis amigos, en León, en Illescas, en el mundo en general. No puedo quejarme... pero no me siento del todo animada para celebrar mis 28 añazos. Nada, serán cosas de la edad. Lo mejor para esto, siempre, es degustar a Rafita.

Señales



Ha vuelto a pasar. De acuerdo, no es muy grave, pero me niego a creer que no tenga un significado oculto. Y es que el hecho de que Evo Morales llamase ayer República a España puede que no tenga importancia si se toma de manera aislada; pero si al lapsus del presiedente boliviano se le añaden el que tuvo hace 6 años Jeff Bush, a la sazón hermano del peor presidente de la historia de EE.UU., al referirse al entonces peor presidente de la historia de España (Josemari) como presidente de la República y, además, le sumamos también el error de bulto cometido por la Federación Australiana de Tenis que en la final de la Copa Davis de 2003 disputada en aquellas tierras reprodujeron el Himno de Riego en lugar del Himno Oficial de España. Si sumamos, en fin, todo lo anterior y alguna equivocación más, llegamos a dos conclusiones:

1. Que en el resto del mundo saben menos de nosotros que Belén Esteban de buenos modales.

2. Que ya va siendo hora de que hagamos caso a las señales y nos apliquemos el cuento.

'Soldados, la patria
nos llama a la lid,
¡Juremos por ella
vencer o morir!'

Quien no se consuela es porque no quiere

Se acabó el verano, se me acabaron las vacaciones y mañana empiezo a currar otra vez. Pero lejos de venirme abajo y coger la típica depresión post-vacacional, quiero mirar el lado bueno de las cosas, ver el vaso medio lleno y buscar alguna ventaja a todo esto.

1.- Ya no tendremos que aguantar las elevadas temperaturas del estío.

2.- Veré de nuevo a los compis del curro.

3.- Vuelve la Liga de Fútbol.

4.- Se acabaron los posados playeros de los famosos en la tele.

5.- Tengo una excusa estupenda para renovar mi vestuario y hacer un cambio de look.

6.- La sobreactuada Pilar Rubio deja por fin de presentar 'Sé lo que hicisteis...'.

7.- Se publican nuevos discos y empieza la temporada de conciertos.

8.- La cartelera cinematografica vuelve a poner pelis de verdad.

9.- Los políticos, en principio, vuelven a intentar hacer algo por el país.

10.- Queda menos para mi cumpleaños.

Vale, son pocas ventajas y muy chorras, pero la alternativa es ponerme a llorar de aquí a julio, y me pongo muy fea cuando lloro.

Las campanas al vuelo


No voy a lanzar las campanas al vuelo porque luego me pasa lo del año pasado, pero... ¡ayyyyyyyy!

Vacaciones Santillana

Me permito el lujo de copiar este texto que me han mandado por e-mail. No sé dónde aparecería por primera vez, así que pongo el nombre del autor para que se sepa quién es el artífice de plasmar en unas líneas lo que todos los docentes pensamos.

Vacaciones Santillana
José María García Linares


"Es alentador comprobar, para un docente, el altísimo grado de implicación que la sociedad y el Estado españoles están demostrando en las últimas semanas en materia de educación. Qué orgullo al abrir los periódicos y encontrar todo el debate reducido a la lucha Religión/Educación para la Ciudanía, o lo que es lo mismo, como siempre en estas tierras, Partido Popular/Partido Socialista (o estás con nosotros o estás contra nosotros), o encontrarlo también centrado en el largo período vacacional de los profesores y los alumnos. Sí señor. Cuestiones de primer orden. Eso es lanzarse a la piscina, nunca mejor dicho, y empaparse hasta las cejas.

Qué rabia me daba de pequeño ir al colegio. No era yo como estos niños postmodernos de hoy en día que se aburren en sus casas y están locos por ver a sus amiguitos en el recreo. No. Yo, en caso de verlos, prefería hacerlo en el parque, en el Club o en la playa. Al aire libre, en grandes espacios, corriendo, saltando y sin muros ni verjas ni señores mayores que te contaban lo mismo que podías leer en esos libros, salvo contadas excepciones que lograban captar tu atención y llevarte de aquí para allá en un viaje fascinante. Cuando llegaba el mes de junio, ya tenía esa cosilla en mi estómago cada vez que veía el cielo azul o sentía esa luz melillense tostadita en el cogote al pasear por la Avenida. Olía a verano, a paz, a felicidad. En los escaparates, esos cuadernillos espantosos de Santillana para repasar y divertirse (por Dios) en julio y agosto. A mis hermanas y a mí no nos hacían falta, que ya estaban nuestros padres poniéndonos todos los días cuentas y copias, para que no se nos secara, a pesar de los chapuzones, la mollera.

El pasado día cinco de febrero el diario El País publicaba un artículo titulado 'Demasiadas vacaciones' en donde se criticaba no sólo las de los profesores, sino también el poco número de días lectivos de los estudiantes. Algunos proponían ahí alargar el final del curso, otros adelantar su comienzo y, como telón de fondo, el problema que tienen los padres actualmente para conciliar su vida laboral con la familia, al parecer responsabilidad de los centros y no de sus empresas, esto es, qué diantres hago con la niña-molestia cuando le den las vacaciones. ¿A dónde la mando? Y leía estas argumentaciones mientras hacía la cola en el Ayuntamiento para recoger un certificado. De cuatro mostradores, sólo funcionaba uno. Hay que ver lo que tardan en servir los desayunos en las cafeterías.

Las vacaciones de nuestros jóvenes son distintas a la de los chicos y chicas de otros países, algo evidente porque aquí no se puede tener a treinta estudiantes metidos en un aula sin cortinas y sin aire acondicionado a finales de junio. El calor es insoportable.

Comparar esta situación con la finlandesa o la sueca es poco provechoso. Pero es que a principios de septiembre la temperatura, al menos en el sur de España, es igual, agobiante. Los que piden adelantar el comienzo al día uno del mismo mes olvidan también que en esas fechas están los exámenes de recuperación y que las plantillas de profesionales están incompletas. Lo que escuece de todo este asunto es que el debate haya saltado nuevamente a los medios por motivos que nada tienen que ver con la enseñanza.

Las familias quieren tener los centros más tiempo abierto para tener allí aparcaditos y cuidaditos a sus criaturas (que, curiosamente, son suyas. Algunos lo olvidan). Y digo aparcados porque da igual que aprendan más o menos (casi nadie trae la tarea hecha), que no haya ordenadores, que haya saturación, que las ratios sean elevadísimas, que falten recursos de todo tipo. Lo que importa, lamentablemente, es que estén allí vigilados porque así no estarán fuera, solos, de ahí la propuesta de varias CC.AA. de tener los colegios e institutos abiertos por las tardes, o casi de madrugada. La docencia tiene una función fundamental y valiosísima, si se deja ejercerla: la de enseñar. Todo lo que se salga de ese marco no es tarea de los docentes.

Tal y como se están poniendo las cosas, un alumno puede llegar a su colegio a las siete de la mañana, en régimen de acogida temprana, recibir sus seis horas de clase, comer a las dos y media y realizar las actividades extraescolares hasta las seis de la tarde, supuestamente controlados por personal distinto al de los profesores, nos dicen los expertos.

Esto huele a podrido. Todos estos pedagogos, presidentes de no sé qué, coordinadores de no sé cuánto que, o están liberados o no han dado clase en su vida, ¿no tienen nada que decir sobre el hecho de tener a un chico encerrado diariamente casi doce horas en un centro? La solución a los problemas sociales no la tiene en exclusividad la escuela.

¿El Estado no va a hacer nada para que los empresarios flexibilicen los horarios y turnos de sus trabajadores, para que puedan disfrutar de sus hijos? Ya está bien de echar sobre la enseñanza todas las responsabilidades sociales. A este paso, en cinco años, estaremos presentes en los partos para registrar la llegada de un nuevo alumno y evitar el fracaso neonato y el absentismo en las incubadoras."



Nota: el resaltado en negrita es mío. Si los padres no tienen tiempo de ocuparse de sus hijos, que no los tengan hasta que puedan hacerlo, hasta que logren conciliar la vida laboral y la familiar pero NO A COSTA DE LOS PROFESORES.

Recuperando el terreno perdido

El final del curso, el calor y la apatía típica de las vacaciones me han impedido y me impiden concentrarme lo suficiente como para escribir un post medianamente decente, por lo que prefiero no escribir nada. No obstante, noticias como ésta son más que dignas de interrumpir mi letargo estival y publicarse aquí: se va a emitir el primer informativo en llingua llïonesa. ¡Bien por nosotros! Lo cierto es que apenas durará 10 minutos, pero lo importante es que seguimos ganando terreno poco a poco y, aunque aún nos queda muuuuuuuuuucho camino por recorrer, no lograrán doblegarnos. ¡Podrán quitarnos la vida pero jamás nos quitarán la libertad! Uy, me he venido un poco arriba.

'El destino tiene que dar muchas vueltas para llegar a cualquier parte'

Robert F. Kennedy

'Sólo el hombre prosaico se aferra todavía a la oscura y ponzoñosa superstición de que el mundo se acaba en la colina más cercana, su universo llega hasta la orilla del río, su humanidad queda encerrada en el estrecho círculo de aquellos que comparten su ciudad, sus puntos de vista o el color de su piel.'

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